Sobreexplotación extingue al jurel

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Pamela Gutiérrez / La Nación Domingo
Domingo 28 de noviembre de 2010 LND Reportajes


Chile está pagando las consecuencias de la pesca indiscriminada de este recurso por empresas nacionales y barcos factorías.

La escasez de este clásico pescado, que la gran mayoría de los chilenos consume enlatado, dejará más de 2.000 cesantes en la región del Biobío

Talcahuano ha sufrido tres debacles: el terremoto, el maremoto y, ahora, el cataclismo del jurel. Cada uno de ellos ha golpeado a Bárbara Orrego, jefa de hogar de 42 años, on cuatro hijos, de los cuales, los dos menores de 18 y 15 años todavía dependen de ella. Durante dos décadas se había desempeñado en el sector pesquero y los últimos tres años había trabajado como temporera para la empresa Pesquera Biobío, dedicada al jurel en conserva.

A fines del año pasado, cuando comenzaba la nueva temporada de procesamiento de esta especie -que se extiende de diciembrea agosto-, el panorama había cambiado: “Cuando quisimos volver a trabajar, la empresa se encontró con que había poca disponibilidad de jurel y, más encima, se estaban pescando peces muy chicos, por debajo de la talla mínima. Tuvimos que parar en abril, pero ya en junio no pudimos seguir trabajando”.
Junto con ella, otras 200 trabajadoras tuvieron que ser despedidas debido a que la materia prima ya era casi inexistente en las costas.
La alerta la dio la propia Subsecretaría de Pesca a principios de mes, cuando el subsecretario Pablo Galilea anunció que la cuota autorizada de captura, que hoy es de 1.300.000 toneladas, será rebajada al 2011 a sólo 280.000 toneladas, propuesta que debe ser ratificada el próximo 9 de diciembre por el Consejo Nacional de Pesca, en Valparaíso.

Más aún: de ese millón que estaba permitido, las pesqueras sólo han podido capturar poco más de 400.000 debido a que, sencillamente, el jurel se está extinguiendo.

Los científicos, las empresas y la Subpesca coinciden en que la sobreexplotación ha sido la causa de la casi exterminación de este recurso, que es la principal exportación de Chile en lo que se refiere a extracción marítima.

El tema no es sólo ecológico, sino que redundará en la pérdida de 2.000 puestos de trabajo en el Biobío, una zona que ya alcanza el 18% de cesantía. Es el otro terremoto quese aproxima en la región.

El jurel se mueve en las costas del Pacífico, desde el Ecuador hasta Chile, a la altura de Puerto Montt, y de este a oeste, llega a una distancia de 5.000 kilómetros mar adentro. Chile extrae poco más del 64% de este recurso en comparación con el resto de los países y esta especie un recurso apetecido mundialmente para la fabricación de harina de pescado, que es el principal insumo para el cultivo de peces carnívoros como el salmón y la trucha.

Cabe destacar que la harina de pescado representa, a su vez, el 60% de los costos totales de la industria salmonera. En nuestro país, el jurel se explota en tres regiones: el 90% en el Biobío, y el resto en el extremo norte, entre Arica e Iquique. Pero es en la Octava Región donde se concentra la mayor cantidad de mano de obra asociada a esta actividad, con 6.357 trabajadores, según datos de la Federación de Trabajadores Pesqueros (Fetrapes) (Ver infografía).

Las causas La crisis del jurel comenzó a mediados de la década del ’90 como explica el doctor Hugo Arancibia, profesor de la Unidad Tecnología Pesquera de la Universidad de Concepción: “En 1994 en la Octava Región se desembarcaron 4.000.000 de toneladas y al año siguiente, 3.500.000. Para que la gente entienda, una vaca pesa 400 kilos cuando se va al mata- dero y cuatro millones de toneladas de jurel es el equivalente a 10 millones de vacas”.

El gran frenazo a la actividad ocurrió entre el ´97 y ´98, con la presencia del Fenómeno del Niño con el consiguiente aumento de la temperatura del agua, lo que redujo la disponibilidad de alimento para el jurel, alejándolo de las costas.

“Tuvimos un evento catastrófico porque además hubo extracción continua en aguas internacionales, no sólo de la flota chilena, sino también rusa y, posteriormente, de China. Ambos factores significaron una disminución catastrófica para la biomasa de los jureles”, asegura el doctor en Oceanografía de la Universidad de Valparaíso, Mauricio Landaeta. Además del Fenómeno del Niño, hay algunos que apuntan a la proliferación de jibia en el océano como uno de los culpables de la baja de jurel.

El doctor Hugo Arancibia, de la Universidad de Concepción, lo desmiente categóricamente: “Ese es un mito. Le echan la culpa al (fenómeno) del Niño, diciendo que las aguas son muy cálidas para el jurel. Después, dicen que es La Niña, es decir, que el agua está muy fría y ahora se les ocurre que es la jibia. ¡Por favor, de qué estamos hablando! La jibia no tiene ningún efecto sobre el jurel y muchos han usado este argumento como una causa que haya afectado también a la merluza, lo que es una mentira”.

La pesca indiscriminada de jurel en aguas internacionales ha sido, sin embargo, la gran causa a la que apuntan todos los especialistas. Nuestro país ha intentado hacer negociaciones, sobre todo después del 2000, cuando reaparecieron los llamados buques factorías, en especial de China, como explica el gerente general de la Asociación de Industriales Pesqueros (Asipes), Luis Felipe Moncada.

“Chile intentó una negociación bilateral con China para reducir las capturas, pero no lo logró”. Una segunda instancia de negociación ha sido la creación de la llamada Organización Regional de Pesca del Pacífico Sur (ORP), integrada por 22 países, cuya formación ha tomado unos ocho años y se espera que esta institución empiece a operar a partir del 2011. Mientras tanto, en las reuniones previas, han existido acuerdos interinos que buscan regular la captura del jurel en aguas internacionales.

De hecho, de esta instancia surgió la Convención sobre la Conservación y Ordenación de los Recursos Pesqueros de Alta Mar del Pacífico Sur y que fue firmada por Chile, China, Colombia, Nueva Zelanda, Islas Cook, Islas Feroe, Perú y la Unión Europea. Pero sólo ha sido ratificada por las Islas Feroe, así que sus resoluciones aún no son obligatorias para los países miembros. Para que ello sea posible, es necesario que ocho países, incluidos tres que no tengan costa en el Pacífico, aprueben su participación de esta nstancia a través de sus respectivos congresos nacionales.

Pese a este esfuerzo, los frutos han sido bastante amargos. De hecho, en la reunión de la ORP efectuada el 2007 en Reñaca, las medidas que buscaban preservar al jurel terminaron siendo casi su sentencia de muerte, como explica Moncada: “Chile tendría que haber exigido a los países miembros el establecimiento de un cuota de pesca y la disminución del número de barcos, en razón del esfuerzo que había efectuado nuestro país. Eso no se consiguió”.

Lo que ocurrió en esa oportunidad fue que se autorizó a todos los países que no hubieran pescado jurel en el Pacífico Sur a que ingresaran sus barcos factoría hasta el 31 diciembre del 2009, con moderación: “Pero nadie definió lo que era la “moderación” e ingresaron buques factoría peruanos, chinos y europeos, aumentando fuertemente la captura. Por lo tanto, la medida interina del 2007, en vez de limitar o detener la pesca, incentivó a que los países ingresaran más naves y más barcos factorías. Al 2008, había 50 barcos de esas características operando en el Pacífico”, dice Moncada.

Cada barco captura más de 100 toneladas de jurel en cada salida a alta mar. Juvenilización Al haber una pesca tan indiscriminada de este producto, el principal fenómeno que ha ocurrido es la llamada “juvenilización” del jurel, es decir, que ya no se encuentran ejemplares adultos aptos para la reproducción y los tamaños son cada vez menores.

En sus mejores tiempos, la biomasa o cantidad de jurel existente en el océano era de alrededor de 25 millones de toneladas. Hoy apenas alcanza a 2,4 millones de toneladas: “Estamos con las dos peores causas de sobrepesca conocido. El stock está muy reducido y la fracción de adultos es prácticamente inexistente. Por lo tanto, la perspectiva del stock es muy mala y, necesariamente, debería haber una forma de cautelar una protección para que se recupere y eso necesariamente por veda”, sentencia el profesor Arancibia, de la Universidad de Concepción.


Por ley, la talla mínima establecida para la extracción de jurel es de 26 centímetros para su explotación comercial. Sin embargo, para la zona norte no rige esta restricción, dado que allá se aplica la “pesca de investigación”, que a juicio de los especialistas, esto se ha transformado en una triquiñuela para la sobreexplotación del producto, unas 150 mil toneladas.


Con el fin de poner atajo a este tipo de pesca, la próxima semana la Comisión Mixta debería despachar la modificación al artículo 26 de la Ley General de Pesca y Acuicultura, que exige una talla mínima de jurel de 22 centímetros para que pueda ser ocupado para la investigación, en un período de 18 meses, plazo en que deben estar listos los proyectos científicos para los cuales, supuestamente, se está extrayendo este recurso. Este tamaño, sin embargo, no le satisface al profesor de la Universidad de Concepción, Hugo Arancibia.


Aunque biológicamente a los 22 centímetros el jurel ya comienza su etapa reproductiva, no es el óptimo para preservar la especie.


LAS MEDIDAS


Hace pocos días se reunió en Viña del Mar el Comité Técnico Científico de la Organización Regional de Pesca, entidad que propone medidas de administración para esta organización y la conclusión fue que “si queremos recuperar la pesquería, tenemos que disminuir al menos en 50% el total de captura en todos los países del Pacífico Sur, dentro y fuera de las 200 millas”, explica para LND el subsecretario Pablo Galilea.


Por otra parte, la Sociedad Nacional de Pesca (Sonapesca), asegura que para preservar la especie, “es clave que operen sistemas de controles efectivos, enfocados al estricto cumplimiento de las cuotas de captura, tanto para el sector industrial como artesanal. Esto debe ser acompañado por un sistema sancionatorio eficaz, y un proceso administrativo y judicial eficiente”, según dice a LND el presidente de la Organización, Rodrigo Sarquis.


Nuestro país está preparando una ofensiva para poder abordar este tema en la próxima reunión de la ORP, que tendrá lugar en enero próximo en Colombia. Según explica el subsecretario Galilea, la Cancillería ha tomado un rol activo en este tema, a través de la Dirección de Medio Ambiente y Asuntos Marítimos, a cargo del embajador José Luis Balmaceda, “para establecer una estrategia que nos permita tener un planteamiento al interior al ORP para que se ratifiquen las medidas interinas. Si nos va mal en Colombia, vamos a tener otros planes que están siendo diseñados por Relaciones Exteriores, esta subsecretaría y los privados”.


El nerviosismo que existe en el sector pesquero y en el gobierno es evidente, dada la dramática disminución del jurel. De hecho, esta semana el subsecretario del Interior, Rodrigo Ubilla, convocará a una mesa de trabajo que incluirá, además, a los subsecretarios del Trabajo, Bruno Baranda; el subsecretario de Economía, Tomás Flores y el subsecretario de Pesca, para estudiar las medidas que tendrán que adoptar cuando se aplique la rebaja de la cuota propuesta por el Ejecutivo y que impactará directamente en las regiones de Biobío, Parinacota, Tarapacá y Antofagasta.


Sin embargo, la preocupación se concentra en la Región del Biobío, ya que el terremoto y el maremoto destruyeron las plantas procesadoras, lo que implicó la pérdida de 2.600 empleos desde febrero a la fecha.


Pero dado que la baja de cuota de jurel es una decisión apremiante para salvar el recurso, “se calcula que unas 2.000 personas serían las que tendrían que desvincularse. Y no hay otro camino si queremos recuperar la pesquería”, afirma el subsecretario.


Con respecto a los despidos en las otras regiones pesqueras, todavía se están sacando los cálculos. “Esto tiene un impacto social y económico y el Gobierno se está preparando para atenderlo con medidas de reconversión laboral, capacitación y jubilaciones anticipadas”, dice la autoridad.


Por otro lado, la Asociación de Industriales Pesqueros (Asipes) anunció esta semana que para mitigar el golpe por la baja de la cuota, se intensificará el procesamiento de jurel para consumo humano (conservas y congelados), dado que es más intensiva en mano de obra.


La cesantía golpeará principalmente a las mujeres, ya que el 60% de los trabajadores de pesqueros es personal femenino. Además, padecen afecciones como tendinitis por la manipulación del jurel y otras relacionadas con la humedad requerida por las instalaciones.


“Estamos muy preocupados porque el Gobierno y los empresarios hablan de los trabajadores, de la cantidad de empleo que se van a perder, pero nadie ha entregado una propuesta concreta de qué van a hacer con ellos. Son personas de difícil reinserción laboral, porque a veces ni siquiera pueden sostener un plato”, dice el presidente de Federación de Trabajadores Pesqueros (Fetrapes), Juan Montenegro.


Mientras cunde la preocupación en las autoridades y en las empresas, Bárbara Orrego ya ha vivido en carne propia dos terremotos: el del 27 de febrero, que le va a significar la demolición de su casa en Chiguayante y el otro que se aproxima y que ya la afectó, la crisis del jurel.

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